LA FELICIDAD INSTITUCIONAL

 

 

“Debemos aprender a ser felices”

 

El ser humano tiende de forma innata a la felicidad, pero la sociedad nos inculca que la vida es seria, y confundimos seriedad con la tristeza. Una persona puede ser muy responsable y a la vez alegre. Se nos crea una predisposición a lo negativo, que en principio no es propia del ser humano, sino social, la sociedad intentará siempre que seamos tristes, así somos más manejables.

 

La felicidad es un estado individual, no por estar rodeado de personas felices lo seremos también nosotros, por simple contagio. La felicidad  es un estado mental, hay que aprender a percibir lo bueno de la vida, de cada momento que vivimos, y dirigir los pensamientos hacia lo positivo, relativizando las situaciones negativas. Disfrutar de lo que se tiene y poner el pensamiento en lo que se puede conseguir trae la felicidad. Hay que intentar desarrollar nuestra mente para alcanzar ese estado.

 

Muchas personas intentan conseguir todo lo que pueden en sus vidas atesorando todo lo posible, pensando que así la van obtener, pero al final se dan cuenta que lo importante no es conseguir cosas o situaciones, sino disfrutar de ellas, y sobre todo aprender a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, ya que las importantes suceden muy pocas veces. A veces se vive esperando grandes acontecimientos y no se disfruta de los pequeños placeres cotidianos, y lo peor de todo, solo nos damos cuenta de ellos cuando los perdemos.

 

Existen muchas teorías sobre la felicidad, incluso hay quien piensa que no existe, pero la definición quizás mejor es la que pone el acento en el presente, disfrutar de estados afectivos que nos gustan y deseamos, además de saber que somos coherentes con el futuro para  alcanzar las metas y logros que queremos en nuestra vida. Es decir vivir disfrutar del presente pero con una visión de que en el futuro vamos en la buena dirección.

 

Todo el mundo tiene recetas para ser feliz, otra cosa muy diferente es aprender a disfrutar de ella de forma habitual. Y en esta línea también los estados y organizaciones mundiales colaboran para que su población sea lo más feliz posible. Aunque generalmente confunden confort con felicidad. Confort son las situaciones exteriores que nos propician comodidad, mientras que la felicidad es un estado de ánimo, y tener situaciones cómodas no lleva habitualmente a la felicidad.

 

Según el pensamiento oriental, el principal problema que nos aleja de la felicidad es el conseguir posesiones, cuantas más mejor, y el segundo es querer mantenerlas. Y en esta dirección es por donde van los estados a la hora de proporcionar a sus gentes las condiciones idóneas de felicidad.

 

El primer intento de medir la felicidad lo realiza 1934 el ruso  Simon Kuznets con el PIB (Producto Interior Bruto o Producto Bruto Interno), creyendo que el aumento de producción, que genera más bienes y servicios para los ciudadanos va a conducirles directamente al bienestar.

 

En 1972 el rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, creó el FNB (Felicidad Nacional Bruta o Índice Nacional de Felicidad), para evaluar la calidad de vida y el progreso social, es decir la felicidad de sus ciudadanos.

 

Esta medida del rey de Bután dio origen en el 2008 al FNB, Felicidad Nacional Bruta, que dio un paso más, ya que no solo mide las calidad de vida y el progreso de la ciudadanía, sino que además lleva a cabo condiciones de vida que permitan a los habitantes no solo alcanzar el mayor bienestar posible, sino que además se mantenga en el tiempo. El concepto de felicidad para ellos es un bien público, y no tiene solo aspectos materiales como es la mejora de la economía, sino también aspectos más internos como los emocionales, ecológicos, sociales y culturales.

 

En el 2006 la organización de investigación inglesa The New Economics Foundation (NEF), crea el HPI (Happy Planet Index o IPF Índice de Planeta Feliz), para medir el éxito y el progreso de las naciones, poniendo especial atención en la eficacia ecológica con la que se genera el bienestar humano, teniendo en cuenta las consecuencias ambientales y la calidad de vida que estas generan en la población.

 

Los indicadores que utilizan son: La ilusión de vida (según el informe de desarrollo humano), la huella ecológica (emisiones de CO2, grado de industrialización, densidad de población, grado de industrialización y urbanización) y el bienestar de la gente o satisfacción subjetiva de vida (percibido subjetivamente del 1 al 10). Pero no tiene en cuenta: La educación, ingresos, acceso al agua potable, electricidad, tasas de pobreza, etc. El primer país en esta lista es Costa Rica que en 1949 eliminó su ejército y apostó por dedicar ese presupuesto a la salud y la educación, que además es pionero en medio ambiente con leyes de cultura verde, entre ellas la Ley de bosques nacionales que protege los bosques, aguas, biodiversidad, etc. Es líder en cuanto a los derechos laborales y quizás por ello es el país más competitivo de América latina.

 

Y finalmente en el 2011 la ONU tomó la iniciativa de crear el Reporte de la Felicidad Mundial, que le llamó “Felicidad y Bienestar”, con el fin de orientar las políticas públicas hacia la felicidad de sus habitantes, publicándose el primer reporte en el 2012. Los indicadores que utiliza son: El PIB real per cápita, la expectativa de vida con buena salud, apoyo social, libertad percibida para tomar decisiones de vida, generosidad y percepción de corrupción.

 

Actualmente el primer país que cumple con estos indicadores es Dinamarca, y que uno de sus mejores aliados en la consecución de la felicidad es el “Hygge”, como ellos lo definen, que es disfrutar de las pequeñas cosas de la vida en compañía frente a la chimenea, como puede el Kaffehigge y otras recetas, como las barbacoas con amigos, que son atenuantes de su poco tiempo de luz solar que disponen al año. Son especialistas en disfrutar de las pequeñas que su climatología les proporciona, como ver llover detrás de los cristales, lo que demuestra una buena actitud frente a la vida.

 

Además disponen de muchos beneficios sociales, como la conciliación laboral, teniendo amplios permisos por natalidad, apoyo a los padres y guarderías, sueldos altos y largas vacaciones pagadas. Tienen un estilo de vida lento, sin estrés, protegiendo el entorno, andan mucho en bicicleta y a las cinco de la tarde ya están habitualmente en casa. Y sobre todo pagan impuestos altos para mantener una buena calidad de vida, porque confían plenamente en sus políticos.

 

Como podemos observar hay una diferencia entre las mediciones del IPF (Índice de Planeta Feliz) y el Reporte de la Felicidad Mundial y el mientras el primero hace más énfasis en eliminar el armamento, cuidar y proteger el medio ambiente, la salud y la educación, el segundo da por supuesto que la sociedad avanza y hay que adaptarse  al progreso, disfrutar de las pequeñas cosas, tener amigos, buscar el equilibrio entre el trabajo y disfrute y sobre todo que aunque pagan impuestos altos confían plenamente en que van a ser utilizados justamente.

 

No cabe duda que son dos formas de buscar la felicidad global, quizás si se cogiera de cada una de ellas lo bueno que tiene, como eliminar la carrera  de armamento y dedicar más presupuesto a la salud y la educación, proteger la naturaleza, disfrutar de las pequeñas cosas, adaptarse mejor al entorno natural, disfrutar de más beneficios sociales, ir más en bicicleta (elimina CO2 y se hace ejercicio),  conseguiríamos que la mayoría de personas fueran felices. Mientras eso sucede, lo mejor es aprender a disfrutar de lo que tenemos y ser coherentes con el futuro para alcanzar los objetivos personales y profesionales, respetando a los demás y sobre todo que es más importante disfrutar que poseer.

 

José Elías